Qué hace por ti la culpa y cómo liberarte de ella

Qué hace por ti la culpa y cómo liberarte de ella

En este post te hablaré de:

  • Qué es la culpa y cómo la comprendo
  • Qué viene a enseñarte
  • Cómo vivir libre sin estar atrapado en ella

Cuando no comprendemos el rol de la culpa en nuestra vida, ésta opera en nosotros inconscientemente, agitándonos por dentro y no permitiéndonos disfrutar de la vida como nos gustaría. Es como un lastre que nos pesa toneladas. Su efecto está presente en muchas de nuestras acciones sin ni siquiera darnos cuenta, influyendo en nuestro bienestar y en nuestras relaciones.


Al reconocer en qué consiste, podemos darnos cuenta no sólo de cómo gestionarla, si no de cómo comprenderla para liberarnos de la pesadez que nos genera.


Durante años había algo en mí que no me dejaba estar tranquilo y con verdadera paz interior. Al tomar decisiones en mi vida me decía «¿Por qué no habré elegido el otro camino?» «Estaré haciendo lo correcto»? «¿Será esta la mejor decisión?» La culpa operaba en mi como una fuerza invisible que me desgastaba y que me dejaba sin energía.

Además, era una sensación constante y no sabía qué hacer ante ello. Esto me despertaba un sentimiento de frustración e incapacidad que se autoalimentaba cada vez más.

Al sentir que «algo» me estaba pesando y verme incapaz de encontrar esa paz interior en mí mismo, lo que hacía era recurrir a elementos externos. Buscaba encontrar en ellos esa energía vital que no era capaz de encontrar en mí. Necesitaba “recuperar” esa vitalidad.

En mi caso personal busqué en el deporte, en el alcohol, busqué también en el sexo, en los viajes, en la música…Todos estos elementos me ayudaban a equilibrarme, por supuesto, mi agitación interior se calmaba. Parecía que la culpa había desaparecido. Sin embargo, lo que ocurría era que se adormecía temporalmente.

Poco después reaparecía y es que en realidad estaba impregnada, de forma sutil, en la mayoría de las acciones de mi vida. Me sentía culpable y no sabía por qué. Al no reconocer qué era realmente la culpa y cómo funcionaba, lo único que quería era no tenerla conmigo y trataba de luchar contra ella.

La rechazaba hasta que hice algo que supuso un antes y un después en mi vida. De esto es de lo que te quiero hablar ahora.

Paré a mirar la culpa de frente y le pregunté: “¿Qué tienes para mí? “¿Qué vienes a enseñarme que aún no he comprendido?”

Esto supone realmente un cambio de paradigma, porque en lugar de ser pres@ de tu culpa te abres a reconocer lo que antes no habías reconocido. En lugar de negar, resignarte o luchar contra lo que no te gusta te paras a sentir y abrazar el dolor, porque tiene algo que mostrarte.


VEAMOS PRIMERO QUÉ ES LA CULPA.

La culpa es en realidad un mecanismo bastante sencillo, lo que la hace compleja es que está profundamente integrada en nosotros a nivel inconsciente. Si no tomamos conciencia sobre ella y de cómo está funcionando, sino que simplemente aprendemos bajo sus mecanismos y los repetimos sin darnos cuenta, lo que estamos haciendo es perpetuarla en nuestra propia vida y en la de los que están a nuestro alrededor.

2 piezas clave de la culpa:

  1. La distorsión de los conceptos de “bien” y “mal”
  2. Es una fórmula muy eficaz para controlar a los demás.

Empecemos por la 1ª: La distorsión de los conceptos de “bien” y “mal”:

Los conceptos bien y mal son elementos que nos ayudan en nuestro aprendizaje. Nos dan un feedback sobre cómo mejorar la acción que llevamos a cabo.

Por ejemplo: Te quemas con el café y te dices “esto está mal” ¿A qué te ayuda esto? A tomar conciencia y modificar tu acción para la próxima vez no quemarte. Posiblemente soplarás el café antes de bebértelo o lo tocarás con el labio de forma muy sutil, en lugar de bebértelo de un trago.

Así, gracias a que te dijiste “esto está mal” modificaste tu acción y aprendiste de esa experiencia. “Bien y mal” son entonces indicadores que nos van marcando la dirección de nuestro aprendizaje.

Cuando vamos creciendo, exploramos por nosotros mismos y a través de esos indicadores (bien y mal), aprendemos. Tenemos la maravillosa fortuna de que no tenemos que aprender absolutamente todo a través de nuestra propia prueba y error, si no que la experiencia y el aprendizaje de los demás nos ayuda en nuestro camino. Es entonces cuando entra la importancia de nuestros padres (esos seres grandotes, que cuando somos peques saben todo. Si eres padre/madre así es como te ven tus hijos y si estás leyendo esto, 100% que eres hij@ y lo has vivido. Haz memoria). Pueden ser nuestros padres, o también herman@s, maestr@s, familiares…Son personas a quien tomamos como figuras de autoridad.

Aquí es donde comienza la distorsión de “bien” y “mal” en nuestro aprendizaje.

En muchas ocasiones, esa persona externa a ti ha sido la que te ha dicho qué era lo que estaba bien y lo que estaba mal y eso te ha ayudado a aprender.

El problema es que, si creces y no tomas la responsabilidad de tu propia vida lo que haces, inconscientemente, es esperar a que haya esa figura externa que te diga qué está bien y qué está mal.

Al repetir este patrón una y otra vez te has acostumbrado tanto a que sean los demás los que te digan qué está “bien” y qué está “mal”, que, al tomar decisiones, buscas constantemente su validación.  

Es decir, no tienes tus propios criterios para elegir tu camino, si no que tus decisiones dependerán de lo que los demás te digan. Has forjado entonces la creencia de “No tengo poder para elegir en mi vida”.

Sin darte cuenta, has ido cediendo tu poder a los demás.

Vamos con la 2ª pieza clave de la culpa: Es una fórmula muy eficaz para controlar a los demás.

Pero ¿por qué querríamos controlar a los demás? Porque al hacerlo tenemos la sensación de “recuperar” ese poder que no encontramos dentro de nosotros mismos. Lo que hacemos entonces es utilizar a la otra persona como un instrumento para sentirnos poderosos.

(Sí, las herramientas que utilizamos a nivel inconsciente a veces son así de cutres y rudimentarias. Cuanto antes te des cuenta, antes podrás entrenarlas para cambiarlo)

Este comportamiento viene de no reconocer nuestro valor y nuestro poder interior y por eso lo buscamos fuera utilizando el control (llamo poder interior a esa fuerza vital que hay en nosotros cuando estamos en coherencia con lo que verdaderamente somos. Cuando nos sentimos en pura conexión y expandimos nuestra esencia desde el interior hacia el exterior).

Al percibirnos a nosotros mismos sin ese poder, nos sentimos indefensos y operamos desde el miedo. Pasamos a ser entonces controladores o, por el contrario, controlados.

Imagínate la siguiente situación en la que están Pedro y Ana. Ninguno de los dos reconoce su verdadero poder interior. Pedro percibe que con Ana tiene la oportunidad de sentirse poderoso, así que, para conseguirlo, utiliza las herramientas que ha aprendido a lo largo de su vida y empieza a ejercer control sobre ella. ¿Adivina cuál es una de sus herramientas clave? ¡La culpa!

Ana, debido también a lo que ha experimentado y aprendido en su vida, ve a Pedro como una figura de autoridad (puede ser un jefe, una pareja, un amigo…) ¿Qué ocurre entonces? Pues que como aprendió a que fuera otra persona (con estatus de autoridad) la que le dijera lo que estaba bien o mal, está ahora a la merced de Pedro. Sin darse cuenta, Ana ha cedido su poder personal.

Así, de esta forma tan sutil y normalizada en la sociedad vivimos una lucha constante de poderes, ejerciendo control sobre otras personas o siendo controlados por otros. «A mí me controlan», pienso, e inconscientemente reacciono ejerciendo control sobre otros. Es lo que hemos aprendido.

Es mucho más fácil controlar a alguien que se siente culpable que a alguien que se reconoce libre.

QUÉ VIENE LA CULPA A ENSEÑARTE Y CÓMO LIBERARTE DE ELLA.

Ahora que hemos visto estas 2 piezas claves de la culpa (La distorsión de los conceptos de “bien” y “mal” y que funciona para controlar a los demás), vamos a ver cómo nos podemos liberar de ella.

Bien, hay un factor muy importante que es el castigo cuando hacemos algo mal. Los castigos, seamos sinceros, no son lo más agradable del mundo y lo que has interiorizado en tu subconsciente es que hacer algo mal (lo podemos llamar también equivocarte) supone recibir un castigo.   

Lo que sucede ahora dentro de ti es que cuando haces algo que tú mismo evalúas como «mal» lo que haces, inconscientemente, es castigarte. Así, vives una vida de culpa-castigo continuamente.

Se convierte en algo tan doloroso e inaguantable que tienes que buscar formas para «liberarte» de esa culpa, para, de algún modo u otro, sentir alivio, aunque sea temporal (estas formas pueden ser muy variadas: drogas, alcohol, sexo, deporte, apuestas, videojuegos, viajes, compras…)

¿Qué necesitas entonces para liberarte?

Perdonarte.

Quizás pienses “¿¿cómo?? ¿Perdonarme a mi mism@?»

Exactamente.

Habíamos aprendido que era una persona externa a nosotros quien nos decía si algo estaba mal o bien, ¿verdad?

Esa persona entonces es también la que te castiga cuando has hecho el “mal”. La asociación que tienes dentro de ti es que si esa persona tiene el poder para castigarte también lo tendrá para liberarte.

Por tanto, ahora estás bajo la creencia de que esa persona te da la libertad, es decir, de algún modo, se convierte en tu salvador o liberador.

¿Qué herramienta es la que utilizas entonces para pedir esa liberación? El perdón de la otra persona.

Al aceptar el perdón como la “llave” para que la otra persona te libere de la culpa, estás aceptando, inconscientemente, que ella tiene el poder sobre ti. Es decir, te estás diciendo a ti mism@ “yo no tengo poder”

Esto te mantiene en el ciclo repetitivo de la culpa, en el que a veces juegas el rol de víctima y a veces el de verdugo.

Por eso, tanto si la otra persona te perdona como si no, lo único que puedes hacer es perdonarte a ti mism@. Tú tienes la llave para liberarte. Reconoce que te has equivocado y que lo has hecho lo mejor que sabías bajo tu nivel de conciencia. Todos los errores que has cometido, todas las veces que lo has hecho “mal” te han traído hasta aquí, hasta este preciso momento de tu crecimiento. Y ahora ¿qué vas a hacer al respecto?

Lo que puedes hacer paso a paso:

  1. Abrirte honestamente a reconocer que estás sintiendo culpa. Al hacerlo, te permites un maravilloso espacio de observación, un espacio fundamental para empezar a vivir desde el amor y la libertad y no desde la culpa.
  2. Permitirte sentirla. Totalmente necesario. Abrirte a sentirlo en tu cuerpo.
  3. Pregúntale a la culpa ¿Qué vienes a enseñarme que aún no he comprendido? Te haces esta pregunta y cuestionas esas creencias que te hacen pensar que eres culpable, para así, dar el paso a reconocer que la culpa es una herramienta de control, que lo que en realidad hace, es quitarte tu poder.
  4. Perdonarte verdaderamente, desde el corazón. Al hacerlo te permites reconocer que la culpa, realmente no existe en la naturaleza como tal, es sólo un concepto que nos mantiene atrapados en el miedo, en la lucha y en la separación. Al perdonarte, te das cuenta que tú mism@ eres la única persona que te puede liberar, reconociendo así que la libertad está en ti.

Tomar conciencia de la culpa que estás sintiendo es un paso necesario para poder vivir de forma libre, sin estar atrapad@ en ella. Permítete sentirla y recuerda que ha venido a mostrarte algo que aún no habías visto. ¡Adelante!

Me encantará leer en los comentarios qué te ha parecido este post y en caso de que lo pongas en práctica, cuáles son tus sensaciones y tus aprendizajes al respecto.

Compártelo si conoces a alguien a quien creas que le puede ayudar en su camino.

foto: @akeenster

Ismael

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